La Cultura de Corrupción

No me gusta la corrupción. Estoy desilusionado con la policía, dado que no protejen mi seguridad ni mis derechos. Los gobernantes se roban mis impuestos para enriquecerse personalmente en vez de destinarlos a la infraestructura pública.
Por otro lado, no me molesta dar alguna “propina” para evitarme pleitos con la policía. Me viene muy bien cuando algun amigo o conocido usa su influencia para conseguirme un trabajo que realmente no merezco. En realidad, no es que no me guste la corrupción – no me gusta la corrupción cuando otros la hacen contra mis intereses y yo padezco las consequencias negativas.

La corrupción persiste en nuestras sociedades porque en gran parte valoramos las ventajas que nos brinda, aunque atente contra el interes comun.

Si estamos arriba, la corrupción es una herramienta para mantener nuestra posición alta de privilegio. Usamos el dinero,el poder y los favores personales para persuadir a otros que esten de nuestro lado. Ejercemos presión y prometemos cosas para lograr la cooperación de otros y amenazamos a los que no cooperan. Cuando estamos abajo y queremos subir, la corrupción se torna una fuente de ventaja sobre nuestros colegas. En el mundo competitivo en que vivimos, nos sentimos presionados a hacer todo lo que podamos para salir adelante. Y dado que nuestra sociedad en general no desaprueba de los sobornos pequeños, las palancas para conseguir lo indebido o el nepotismo (solo lo condena cuando los políticos y grandes empresarios lo hacen), tales practicas se han convertido en normas de la vida diaria.

La corrupción se ha convertido en una fuente implícita de capital social, que usamos para mejorar nuestra situación o para evitar una situación que no nos conviene.

Su prevalencia es dificil de estimar y su influencia aun más dificil de evaluar por que la corrupción es parte integral de la operación cotidiana de nuestros ecosistemas de educación, gobierno, y negocios.

A pesear de su prevalencia, la corrupción no ha llegado a alarmar a nuestras sociedades como debiera. No apreciamos lo destructivo que es la corrupción para la sociedad. Cuando escuchamos decir de nuestros amigos o vecinos que tuvieron que pagar un soborno, solemos ser indiferentes y responder: “Asi son las cosas en este lugar!” Pero esta actitud niega toda esperanza de cambio. Nuestra expectativa es que siempre va a haber corrupción y esperamos poder usarla para nuestro beneficio. Pero si realmente queremos que los servicios públicos sean efectivos y justos, que la policía sea honesta, y que nuestros impuestos se canalizen para destinos apropiados, tenemos que dejar de lado la indiferencia hacia la corrupción y considerarla y tratarla como el verdadero poder opresor que significa.

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